domingo, 18 de noviembre de 2012
Atenas, 18 de Noviembre 2012
No podemos dejar que estropeen el cimiento de nuestra ciudad. Podrá haber recortes en Sanidad, Educación, privatizar cada metro cuadrado... Pero no tocaran nuestro raciocinio. Parakaló, no más niños trabajando. No más esa estampa de un metro de altura con una flor en la mano. Luchemos por una infancia justa, por un futuro de mentes libres; para que una brisa no derruya el monumento más preciado. La razón. Parakaló, no más niños trabajando.
jueves, 26 de julio de 2012
Dos veces
Día agradable. Levantarme, comer, cagar, acostarme. Lo bueno de los días en casa es que puedes cagar hasta tres veces: al levantar, tras la siesta y antes de acostarte. No hay prisa, quedan muchas horas para volver al catre. Puedes entretenerte pillando una revista, viendo la tele, cagando... Yo tiendo, en mi casa solariega, a mirar tras los cristales. El cielo, encapotado en la mañana y despejado al mediodía. El cielo suele ser azul tras mis cortinas de estampados coloridos por un capricho materno, que discrepa mi espectáculo visual. El cielo es muy grande. No consigo verlo del todo. Es un deporte muy interesante. Además, acostumbro, en esos días de claustro, a no impacientarme. ¿Por qué iba a ser más inútil que estando en la calle? ¿Qué vehemente agonía despierta a mi ser? Ardor, fatiga, ataques de carácter cataléptico, sudor... Mirar el techo e hipnotizarme en sus formas arabescas de carros voladores que no llegaron al polígono más cercano, hipnotizarme y no sucumbir al ruido ¡de las turbas! ¡los coches! ¡la música house del puto coche! ¡del reloj! ¡del móvil! ¡y del latido de mi corazón! No caer en vano, en el aire que no corresponde a mi hogar, de mis papeles, mis cosas inertes que me acompañan siempre. De lo que no huye, cuando me mosqueo, de lo que se queda aunque mire al cielo. Al techo. Jugar entre esos papeles. En este día agradable. En el que pude cagar hasta dos veces.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
