Está ahí. Poseído. Rectangular, plateado e inútil. No me mira. Directamente pasa de mí.
A veces parece darse cuenta de que le observo. Plácido. Somnoliento. Apabullado. Sé que me miente.
Ya intento no prestarle atención. Pero me guiña. ¡Sé que me persigue en mis delirios!
Eres realmente estúpido y muerto. Muerto. Dime ¿De qué me sirves?
lunes, 9 de agosto de 2010
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