Dicen que es un día de los que mejor no abrir la ventana. Dicen que son de esos días donde el alba yace cansada. Yo no lo creo.
Latidos. Y latidos. Todo cambia. ¿La sientes? Crece. Y crece, se agita, se vuelve toda loca. Ella. Embravecida ola de la madrugada. Ella. Que por su existencia no temo a la muerte. Ella. Vitalidad de mis días. Compañera. Ella. La que lo puede y lo sucede. La que lo deplora y vilmente arranca la ilusión. De quienes la buscamos. Como a un pollo que se le arranca las plumas. Vísceras. Negándole expandir sus alas. Negándole la vida. Ella. Sólo ella. Ella.
Motivo. Comprehensión de la existencia. Ella. ¿La sientes? Como crece, se agita, se vuelve toda loca. Me debilita. A veces, la quiero lejos, me estremece y se empapa mi cara. Escrutando mis entrañas. ¡Cuál bálsamo de dolor para aclarar mis miedos! Miedos. Altos. Funestos. Como en esa tormenta en la que te preguntas ¿Qué es eso que el viento revolotea? Y es tan fuerte la presión que ahogado el pensamiento acaece en un charco. Y fría. Fría y absorta. Otra vez la quiero. A ella. Madre. ¿Cuál fiera es la que asecha mis días? ¿Cuál vicisitud me transforma en un negro hollín? ¿Dime madre el motivo de la existencia?. ¿No es acaso la inspiración?
Dicen que es un día de los que mejor no abrir la ventana. Dicen que son de esos días donde el alba yace cansada. Yo no lo creo.
lunes, 27 de diciembre de 2010
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